Oda a Pixar

No es un secreto para nadie.  Pixar ha concebido las mejores películas de animación CGI, con las que quizá sólo Shrek ha podido competir (al menos en lo referente a taquilla). Y es que no es sólo la perfección visual que el estudio ha alcanzado a través de los años, sino la magnífica orginalidad creativa de sus historias. Al día de hoy, Pixar se ha convertido en uno de los instrumentos fundamentales para Disney, que cuando ha intentado seguir sus pasos independientemente, ha fracasado estrepitosamente (Chicken Little, Meet the Robinsons).

Vemos así, mediante su filmografía, que Pixar es capaz de entretener a todo el mundo en cualquier parte del planeta. Han tocado el corazón de todos con los temas que tratan en cada una de sus películas, que tienen un exceso de vida para ser animadas.

Su primera obra fue Toy Story.  Este filme tiene la aprobación absoluta de la crítica y el público. Con eso debería callarme. Pero la verdad es que  Toy Story supuso el mayor salto en la historia del cine animado. Aunque la tecnología usada es de primera, lo que la hace tan especial es que además tiene una trama muy ingeniosa y personajes carismáticos. La historia va de Woody (Tom Hanks), quien es el muñeco preferido de Andy, hasta que el juguete de alta tecnología Buzz Lightyear (Tim Allen) lo reemplaza. Cuando ambos se pierden, deben unir fuerzas para regresar a casa. Una joya con la que Pixar demostró que es capaz de llegar al infinito.

Continuaron con Bichos: Una aventura en miniatura, en la que una horda de langostas cuyo líder es Hopper (Kevin Spacey), tiene a un hormiguero sometido. Cada temporada, las hormigas deben reunir enormes cantidades de grano para el consumo de los saltamontes. Una hormiga libre pensadora llamada Flik reúne a un equipo de insectos guerreros para combatir a los saltamontes… hasta que descubre que sus guerreros son, en realidad, bichos de circo. El humor referente al tema de los insectos está muy bien llevado y si tienes familiaridad con ese sector del reino animal te reirás con todas las referencias (como el mosquito borracho que pide una sangría O+). Además, logra minimizar a la audiencia al tamaño de los personajes y hace que un pequeño pajarito resulte aterrador.

Tras esto, llegó la secuela Toy Story 2, también avalada por el público y con lo cual debería callarme más aún.  En mi opinión, Toy Story 2 no sólo iguala a la original, sino que la sobrepasa en muchas ocasiones. Esta vez, Woody se queda en casa cuando Andy sale de campamento y es secuestrado por un coleccionista mientras rescataba a otro juguete. Buzz, Slinky, Rex, El Señor Cara de Papa y Hamm se embarcan en una misión para traerlo de vuelta a casa antes de que Andy regrese.  Y eso no es todo, pues la secuela nos trae nuevos personajes, que no sólo brindan diversión, sino también profundidad al guión. Si con la primera parte Pixar demostró poder llegar al infinito, aquí prueba que también es capaz de llegar más allá.

Su cuarta entrega, Monsters, Inc., es tan inteligente y divertida como sus predecesoras.  Sulley (John Goodman) y su compañero Mike (Billy Crystal) son trabajadores en Monsters, Inc., una corporación del mundo paralelo de los monstruos que utiliza los gritos de los niños humanos como energía eléctrica. Un buen día, una niñita se cuela a Monstrópolis, donde causa una hecatombe, ya que allí, los humanos son considerados tóxicos. Los diseños de las criaturas y los guiños a la monstruosidad son remarcables, así como los efectos. Esta vez, Pixar logró domesticar el pelo a la perfección. Algo que no puede decir King Kong, que ganó el nada merecido Oscar por Mejores Efectos Especiales cuatro años después.  También tenemos a los personajes secundarios, tan coloridos como siempre: Randall, Waternoose, Celia, el Yeti, Roz… que conviven en un mundo que involucra depósitos de puertas a nuestro mundo, el cuerpo especial CDA (Child Detection Agency) y niñitas cuchis.

Posteriormente, el estudio llegó aún más alto con su Buscando a Nemo. Aquí se narra la historia de Marlin, un pez payaso que presencia la masacre de su familia (esposa y 400 hijos incluidos). Sólo hay un pequeño embrión superviviente, su hijo Nemo, al que tiene sobreprotegido. Un día, Nemo es secuestrado por un buzo y enviado a la pecera de un dentista. Marlin va a rescatar a su hijo con la ayuda de Dory, una pececita incapaz de recordar nada durante más de dos minutos. Al mismo tiempo, Nemo y sus compañeros de pecera planean su escape. Esta historia fue la que sirvió nos dio un océano como nunca se había visto representado en la pantalla; es de una hermosura sin igual. Los pequeños detalles visuales han sido perfeccionados por Pixar (y eso que, para este año, he visto películas de acción real con efectos especiales estupendos que, no obstante, decaen a la hora de crear agua). Los gags visuales referidos al mundo acuático son buenísimos, como los tiburones que se reúnen en plan Alcohólicos Anónimos. Buscando a Nemo es  otro despliegue de imaginación al nivel que Pixar nos tiene habituados.

A continuación, aterrizó la idea de Los Increíbles. La primera vez que vi esta película quedé impresionado. Pese a ser una parodia de los superhéroes, es una de las mejores películas de ese género. Cuenta la vida de Robert Parr, alias Mr. Increíble, quien es un superhéroe condenado al retiro en una compañía de seguros, pues todos los superhéroes han sido obligados a meterse en un programa de reasignación de identidad por las demandas de daños materiales que causan sus acciones heroicas. Si eres familiar a los cómics, series o películas de Marvel o DC, verás que hay prácticamente una referencia en cada escena. Entonces nos aparece un villano que es antiguo presidente de un club de fans con una inevitable tendencia al monólogo (como todo súpervillano que se precie). Y luego llega la divertidísima Edna Moda, diseñadora de ropa para superhéroes, cuya voz es brindada por el director del filme, Brad Bird. Bird es, por cierto, el encargado de la perfecta estática de esta película. Los vehículos, escenarios y demás son dignos de cualquier película de acción real. Y como cualquier película de acción con personajes de carne y hueso, abundan las mega-explosiones, mega-persecuciones, mega-peleas con un cierto grado de violencia que le ha costado a Pixar un PG (calificación cinematográfica estadounidense un punto por encima de “para todos los públicos”, o sea, que los niños pueden ir solos, pero los padres deben aprobarlo). Y los efectos digitales les han quedado tan extraordinarios que la convierten en una de las pocas películas animadas que pueden considerarse verdaderamente filmes de acción.

Cars, su siguiente obra, es la historia de un coche llamado Rayo McQueen (Owen Wilson), que vive para las carreras de Nasca y para sí mismo, hasta que llega a un pueblo de mala muerte y termina descubriendo la amistad, la honradez y el american way of life.  Lamentablemente, nos encontramos con el guión más flojo con el que Pixar ha contado hasta ahora. No quiero decir que sea malo. Es simplemente que los otros eran monumentales y este es bueno, pero no pasa de allí. Los puntos fuertes siguen siendo el desarrollo de los personajes y la humanización de los mismos, desde Doc Hudson (Paul Newman) hasta la inolvidable pareja de mecánicos italianos, en un guiño a Ferrari (con un cameo de Schumacher al final), pasando por la Hummer-Schwarzenneger llamada “El Gobernador”, los tractores-vacas y los Volkswagen-escarabajo. En ese sentido es perfecta. Los gags y referencias al mundo automovilístico son geniales, pero a mitad de la película se siente una baja de ritmo, sobre todo en lo referente a la relación de Rayo con una Porche llamada Sally y una grúa con la personalidad de Jar-Jar Binks (Sí, el ser de Star Wars. Episodio 1: La amenaza fantasma). Esta vez, Pixar hace una película que parece subordinada a la moraleja, lo que no está mal, porque es lo normal en una película animada, pero no es a lo que nos tiene acostumbrados el imaginativo estudio, que siempre da mucho más.

Por suerte, nos regaló ese tesoro cinematográfico que signifca su siguiente entrega: Ratatouille. Ésta es una comedia monumental cuyo tema central es la convivencia entre especies absolutamente irreconciliables (los humanos y las ratas) unidas en la cocina de un restaurante. Pero al mismo tiempo es un experimento visual plagado de olores, sabores y sonidos, con una temática definitivamente destinada para adultos inteligentes y no a niños (como siempre en Pixar). Nuestro héroe, Remy, es una rata que, a diferencia de sus congéneres y gracias a su olfato especialmente desarrollado, tiene un especial aprecio por la comida bien hecha. Para él, cocinar es lo más grande que hay en el mundo entero. Por puro azar, acaba en la cocina del restaurante de Gusteau, el chef del cual él aprendió todo a través de programas y recetarios y que ha muerto recientemente. Entonces se le presenta una oportunidad de oro, siempre y cuando encuentre a un humano que le ayude a desarrollar al máximo su talento. Y lo encuentra en Linguini, un limpiador del restaurante que no tiene ni la más vaga idea de que al huevo se le quita la cáscara antes de freírlo. El crítico culinario, Anton Ego (Peter O´Toole), es uno de los mejores personajes animados que se han creado. Es una crítica a la crítica. Y cuando la película acaba, con esas magníficas líneas de Ego, estoy seguro que a más de un crítico se le pasó el suicidio por la cabeza, empezando por los cinematográficos. Y es que Ratatouille nos presenta la cocina como una metáfora de todas las artes y la generaliza al término de una propuesta universal: ¿Es el arte un campo limitado y exclusivo?

El lema de Gusteau es “Cualquiera puede cocinar”. Ego, por su parte, aparece como un defensor del arte como barrera de separación entre las personas. La película demostrará por sí misma quién tiene la razón. El guión de Ratatouille es una obra maestra. Los planos de la ciudad de París, magníficos. El humor, agudo. Los efectos de textura, perfectos: fíjense en el agua, los pelos de las ratas (incluso cuando se mojan), los vapores y el fuego. Ratatouille es una obra maestra. Pero esta, es una maestra que debe enseñarnos a todos nosotros. Ojalá seamos capaces de entender que la cocina de Ratatouille puede aplicarse a cualquier tipo de expresión artística, y que cualquiera puede crear, puede realizar algo de la nada, puede expresar sus ideas sin cabida de la crítica destructiva.

Así, Pixar llegó a su siguiente filme, WALL-E, el cual, Cuando se anunció, me hizo creer que iba a carecer enteramente de diálogos, lo que en mi opinión hubiese sido muy original. Me decepcioné mucho cuando en un trailer vi que no era así, pero la película no tiene la culpa de que yo haya tenido una idea tonta.  Sobre todo porque, después de verla, me di cuenta que la trama principal de la película (que no era la que yo había imaginado en un principio), requería evidentemente de diálogos. Y es una trama realmente profunda y conmovedora, que acaba de decretar lo que Pixar ha insinuado desde Toy Story: “Hacemos películas animadas, pero no son para los niños”. Y francamente, si uno de los críos que había en mi sala entendió bien la película, y no es por pocaestimación, me como mi gorra. Y es que en lo competente al robot, se abordan temas como la soledad y el amor, pero en la parte relativa a la humanidad se nos presenta un posible futuro que nos tiene que poner a pensar: una humanidad obesa, aburrida y sin propósitos en un futuro increíblemente oscuro para una película animada. Creo que es incluso más oscuro que la premisa de El Planeta de los Simios.

WALL·E es un robot que lleva 700 años compactando basura en un planeta Tierra vacío, destruido por una compañía aparentemente todopoderosa. En siete siglos desarrolla una personalidad propia, que consiste en añorar los recuerdos de una humanidad largo tiempo desaparecida. A través de la curiosidad, WALL·E salva, como una urraca, los últimos tesoros del planeta de basura. Su único amigo es una cucaracha que le acompaña por una gran ciudad completamente desvencijada al ritmo de una banda sonora algo macabra. Y los créditos de este film son una de las cosas más ingeniosas que he visto. No puedo explicarles de qué se tratan, porque les arruinaría la trama de la película, pero les recomiendo que se queden un rato en sala luego de que la película acabe y se fijen en el significado.

Finalmente, y para cerrar el post, Pixar ha alcanzado la cúspide de la gloria con su última película estrenada: Up: Una aventura de altura. Trata de Carl Fredricksen, un vendedor de globos de 78 años, que está por ser trasladado a un asilo por una inmobiliaria, que desea demoler su casa. Durante su juventud, Carl se había casado con Ellie, quien soñaba con viajar, pero murió antes de lograrlo. Ahora, el anciano se une a Russell, un niño explorador de 9 años. Juntos, tienen varias aventuras al arribar a Venezuela. La animación de estaq hazaña épica alcanza cotas de locura, de bellísima perfección; el sonido vuelve a ser espectacular y los paisajes y la BSO completan una de las películas más bellas y emotivas de Pixar, una cinta que desde el principio invita a sacar sentimientos profundos de risa, llanto y sorpresa. Me reí como con pocas películas gracias a pocos personajes, pero muy completos y divertidos, y disfruté como loco con las maravillosas escenas de acción rodadas con maestría. Todo esto fue acompañado de una BSO que quizá es de las mejores de la factoría. La historia de Carl Fredricksen pasa a ser una de las más emotivas del panorama cinematográfico.

Hay que prestar atención también a los cortos que tiene Pixar, que son increíbles también. No hay que menospreciarlos. Me quedo con Lifted y For the birds, sin despreciar el últo, Presto. Estos cortometrajes son maravillas de 5 minutos.

Lo bueno de esta factoría es que las historias siempre son originales (nunca adaptan nada). Toman factores de la cultura popular y los convirten en un festín de originalidad. Además, los doblajes de sus películas suelen ser sublimes. También agrego que en todas las películas promulgan una serie de valores tales como la igualdad y la amistad nada artificiales ni forzadas, que quieras o no, es un bien a la sociedad. Pixar es una compañía redonda y un estudio que cuando crees que ya no puede superarse, lo hace de nuevo; no tiene límites. Ahora disfruten con este video que, como el título de la entrada, es una oda a Pixar.

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